En adolescència, adolescentes, aprendizaje, desarrollo personal, familia, pares

Cuando pensamos en salud mental, a menudo pensamos en cómo nos sentimos: la ansiedad, la tristeza, el miedo o el estrés. Sin embargo la terapia ocupacional y la psicología también pueden complementarse cuando este malestar empieza a afectar a nuestra manera de vivir.

Por ejemplo, imaginemos a una persona que está pasando por una etapa de ansiedad. Quizás ha empezado a evitar determinadas situaciones, ha dejado de quedar con sus amigos, le cuesta mantener los horarios que tenía antes o ha abandonado actividades que le gustaban. Así, poco a poco, casi sin darse cuenta, su día a día se ha ido haciendo más pequeño.

De este modo podemos entender muy bien la relación entre la psicología y la terapia ocupacional.

¿Qué puede aportar la terapia ocupacional y cómo se complementa con la psicología?

Cuando hablamos de “ocupación” no nos referimos únicamente al trabajo. En terapia ocupacional, una ocupación es todo aquello que hacemos en nuestro día a día y que forma parte de nuestra vida: cuidarnos, estudiar, trabajar, cocinar, relacionarnos, salir con amigos, hacer deporte, descansar o dedicar tiempo a algo que nos gusta.

Además, cuando no estamos bien emocionalmente, estas actividades también se ven afectadas.

Una persona con depresión, por ejemplo, puede saber que salir de casa le iría bien, pero no encontrar la manera de volver a hacerlo. Una persona con ansiedad puede ir evitando cada vez más situaciones por miedo a sentirse mal. Y un adolescente que está pasando por un momento difícil puede dejar de lado los estudios, alterar completamente sus horarios o pasar gran parte del día aislado en su habitación.

Por eso, en estos casos, no solo importa cómo se siente la persona, sino también qué está dejando de hacer a causa de ese malestar.

Entender qué nos pasa y recuperar aquello que nos importa

La psicología y la terapia ocupacional parten de miradas diferentes, pero pueden encontrarse en un mismo objetivo: ayudar a la persona a recuperar bienestar y calidad de vida.

Desde la psicología se pueden trabajar los pensamientos, las emociones, los miedos o aquellos patrones que están generando o manteniendo el malestar. Desde la terapia ocupacional se pone especialmente el foco en cómo todo esto está repercutiendo en la vida cotidiana y en qué podemos hacer para que la persona vuelva a participar en aquellas actividades que necesita, que quiere hacer o que son significativas para ella.

Y no siempre se trata de hacer grandes cambios.

De hecho, a veces puede ser recuperar progresivamente una rutina, volver a utilizar el transporte público, organizar mejor los estudios, retomar una actividad que habíamos abandonado o simplemente conseguir que nuestros días vuelvan a tener un poco de estructura.

Volver a hacer también puede formar parte del proceso

Lo que hacemos cada día y cómo nos sentimos están mucho más relacionados de lo que parece. Cuando estamos mal, a menudo dejamos de hacer cosas. Pero dejar de hacerlas también puede acabar aumentando nuestro malestar.

Por eso, en determinadas situaciones, el trabajo conjunto entre diferentes profesionales puede ser especialmente útil. No se trata únicamente de reducir un síntoma, sino de conseguir que esa mejoría se traslade a la vida real.

Porque sentirnos mejor es importante, pero también lo es poder volver a hacer, participar y disfrutar de aquellas cosas que dan sentido a nuestro día a día.

Si crees que necesitas ayuda, no dudes en contactar con el equipo de Think Psicología.

Lola Blanco
Estudiante de Terapia Ocupacional