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Antes que nada vamos a aclarar que el placer sexual no es exclusivo de nuestros genitales. Es más, nuestro placer sexual está en nuestra mente y por tanto puede estar en todo nuestro cuerpo. Lo que va a hacer que obtengamos mayor placer, por tanto, va a ser el cultivar, explorar y potenciar nuestro propio erotismo. Ser capaz de ampliar nuestro placer más allá de nuestro clítoris o nuestro pene, es disfrutar de una sexualidad sin límites.

 

Vamos a proponer un juego sensual que se puede hacer a solas o con pareja y que permitirá aprender a conocer los rincones de nuestro cuerpo que nos producen placer, es decir, nuestras zonas erógenas.

  • Será mejor escoger un ambiente tranquilo y relajante. Un lugar donde estemos cómodas/os y con una temperatura que no haga demasiado frío ni calor.
  • Cultivar los sentidos. Utilizar una luz tenue o velas que permiten darnos un color de piel muy bonito y permita observarnos. Si tenéis un espejo podéis utilizarlo para miraros mientras lo hacéis. También podéis utilizar incienso para dar un toque perfumado al lugar. Utilizar aceites corporales durante las caricias para deslizarse mejor por el cuerpo. Podéis poner también música relajante de fondo. Desconectar televisión, radio y teléfonos. Ir desnudas o ligeras de ropa para aprovechar mejor la exploración de nuestro cuerpo.
  • El tiempo. Es de especial importancia tener tiempo, la sexualidad bien vivida requiere tiempo para poder saborearla en todos los sentidos. Ir despacio. No tenemos prisa en llegar a ningún sitio sino que dejar que el deseo vaya creciendo poco a poco, no lo queméis rápido, dejar que se vuelva cada vez más voluptuoso.
  • Dar y recibir. Si lo hacéis con pareja, daros diez minutos cada uno. Es decir, durante diez minutos unos de los dos se dedicará a acariciar al otro y el otro sólo a recibir. Es importante tanto el que da como el que recibe que esté en una posición cómoda y pueda disponer de todo el cuerpo sin incomodidad. Por ejemplo, uno estirado boca arriba o abajo mientras el otro está sentado al lado puede ser una buena posición, o bien sentado encima las nalgas del otro, o los dos sentados uno detrás del otro. Estar en posiciones incómodas hace que no podamos atender bien a las sensaciones y estar dispuestos a la entrega del placer, ni acariciar adecuadamente a nuestra pareja.
  • Atender, guiar y comunicar. Es importante que el que recibe atienda a las sensaciones del momento, y que guíe y comunique a la pareja hacia dónde y cómo desea que le acaricie.
  • Habilidad. El que da que explore su cuerpo como si fuera la primera vez, de forma suave, poniendo la atención en lo que hace, y sentirse guiado por su pareja. No hay que ser un maestro en acariciar, de todo se aprende. Ir experimentando diferentes maneras de acariciar su cuerpo.

Primero podéis descubrir zonas erógenas no genitales para luego ir centrándose en zonas genitales. Así evitaréis centraros demasiado en los genitales desde buen principio y también el hecho de acariciar zonas alrededor de los genitales hará que la tensión aumente por el efecto de anticipación y sea muy excitante.

Una vez realizado el ejercicio es bueno comentarlo con la pareja, hablar acerca de lo que habéis aprendido o descubierto de vuestro cuerpo, qué dificultades habéis encontrado. La comunicación de nuestras preferencias enriquece la sexualidad de la pareja.

 

Bibiana