En Terapia individual, Terapia infanto - juvenil

La falta de memoria es una queja habitual de muchas personas. El miedo de todas ellas es estar desarrollando algún tipo de demencia precoz, pero la gran mayoría de ellas no tienen un problema de memoria sino un problema de estrés o de sobre-estimulación.

El estrés diario hace que atendamos a muchas cosas a la vez: la atención que ponemos en cada una se ve mermada y por lo tanto somos incapaces de recordarlas de forma clara más tarde. Si estoy cerrando luces mientras busco las llaves de casa y envío un mensaje a mi amiga porque llego 5 minutos tarde, cuando cierre la puerta seguramente me asaltará la duda de si me he dejado la luz de la cocina encendida o la ventana de la habitación abierta.

Al estrés diario también habría que añadir cómo el uso de las tecnologías está afectando a nuestra capacidad de atender a un sólo estímulo. Mientras navegamos por Internet nuestra mente se acostumbra a una lectura superficial, fragmentada y rápida. Cada enlace que abrimos provoca una descarga de dopamina, y acabamos saltando impulsivamente de un contenido a otro. Se podría decir que todo el tiempo que pasamos navegando por la pantalla estamos entrenando a nuestro cerebro para que atienda a varias cosas a la vez y empobreciendo nuestra capacidad de atención a un solo estímulo.

Igual que cuando navegamos por las pantallas, en nuestra vida analógica saltamos de una tarea a otra sin terminar ninguna. En consulta siempre pongo de ejemplo lo que le ocurre a un ordenador cuando empezamos a abrir programas sin parar, al poco rato la memoria de trabajo se comienza a saturar y se enlentece el procesamiento, de tal modo que o paramos, o se nos bloquea del todo. Eso mismo le hacemos a nuestro cerebro: saltamos de un tema a otro, y saturamos nuestra memoria de trabajo de tal manera que nos acabamos sintiendo lentos, bloqueados e incapaces de retener nada.

La atención plena es un proceso necesario para poder memorizar algo adecuadamente.

¿Qué podemos hacer para mejorar nuestra memoria?

Parar. Reducir el ritmo. Si es necesario, cuando notes que vas acelerado siéntate un rato y no hagas nada.

Atender a una sola cosa a la vez. Evita el multi-tasking en todos los ámbitos de la vida.

Reducir distractores y estímulos. Silencia las notificaciones de tu smartphone o apágalo si es necesario. Reduce al máximo el tiempo que le dedicas a la navegación sin rumbo en las redes sociales.

Cultivar la atención plena. Implícate en actividades que requieran atención plena por tu parte (una clase de baile, cerámica, acudir a una charla, leer un libro, asistir a un concierto, darte un masaje…).

Cuídarnos. Duerme, descansa, come adecuadamente y haz ejercicio regularmente.

 

Laura S. (col. 21209)