En adultos, Terapia de pareja, Terapia individual, Terapia sexual

Hoy me gustaría compartir con vosotros algo que nos encontramos muchas veces en terapia.

A menudo vamos a la consulta con el objetivo de sacarnos rápidamente el malestar de encima y si bien es cierto que en muchas ocasiones esta es la consecuencia del trabajo que uno puede hacer en la visita, hay otras ocasiones que podemos salir más removidos de lo esperado antes de entrar. Depende del momento y del proceso interno que estemos haciendo, es totalmente necesario y útil para nosotros, aunque desagradable.

Con este propósito comparto una metáfora que se utiliza en la Terapia de Aceptación y Compromiso (terapia cognitiva de 3ª generación) que, de hecho, refleja la idea de asumir ciertas incomodidades necesarias durante el camino hacia conseguir nuestros objetivos:

«Suponga que tener un vaso limpio y transparente fuera algo relevante para usted. Sin embargo, el vaso está muy sucio, lleno de partículas y elementos que no le gustan, y le molesta verlos. Para poder conseguir ver el vidrio transparente hay que echar agua, y durante el proceso el vaso estará aún más sucio que en el principio. Es paradójico que esté más sucio que cuando se está limpiando. La cuestión es que este proceso turbio, confuso, donde el vaso parece más sucio que antes tiene un valor en tanto que es parte del proceso para conseguir limpiar el vaso. «

Vale al pena tener esta idea en cuenta y, sabiéndolo, centrarnos en dos cosas: trabajo y paciencia.

Cómo decía Benjamin franklin «El que puede tener paciencia puede tener lo que quiera».

Bibiana