En adultos, Terapia individual

Cuando empezó todo esto del confinamiento pensé que era el momento ideal para ponerme al día con libros y lecturas que tenía aparcadas por falta de tiempo. Durante varias semanas cogía los libros, los empezaba y los dejaba. En realidad sólo pude terminar una novela, pero cuando la lectura requería atención y cierto esfuerzo mental, me era imposible centrarme en lo que leía, miraba el móvil, enviaba algún mensaje, revisaba las noticias, … Lo habitual.

Se que en parte esta dificultad se debía a la propia situación que estábamos viviendo, pero también al uso de pantallas, Twitter y al resto de rrss. Quizás estaba usando el móvil más de la cuenta y mi cerebro se había acostumbrado a leer de otra manera. Recordé que Nicholas Carr hablaba de ello en su libro “Superficiales”.

Nicholas Carr, en su libro examina los cambios que el uso de Internet promueve en nuestros procesos mentales. Se le ocurrió investigar el tema después de darse cuenta de la creciente dificultad que encontraba para concentrarse en la lectura de textos largos y argumentados. Intuyó que los años que llevaba navegando por la Red habían acostumbrado a su cerebro a un tipo de lectura diferente del que solía tener en su “analógica juventud”.

Después de consultar las conclusiones de diversos estudios, comprobó que éstas eran coherentes con su experiencia. En resumen venían a decir que mientras navegamos por Internet nuestra mente se acostumbra a una lectura fragmentada y rápida, y por lo tanto superficial, y que al tener nuestras elecciones una recompensa inmediata (cada enlace que abrimos provoca una descarga de dopamina), acabamos vagabundeando impulsivamente de enlace en enlace. Según el autor “Internet capta toda nuestra atención para dispersarla”.

En un medio que está diseñado para distraernos con una variada oferta de estímulos no cabe la lectura lenta y atenta que exige el libro impreso. La estructura lineal y la falta de distracciones del libro de papel, por el contrario promueve un tipo de atención más concentrada, y así una comprensión más consolidada y menos superficial.

Estas distinciones tienen su correspondencia a nivel neurológico. La neuroplasticidad hace que aquello que usamos moldee nuestro cerebro. Se comprobó en los experimentos que a medida que aumenta el hábito de conectarse a Internet se fortalece la actividad de una región de la corteza pre frontal izquierda, relacionada con la toma de decisiones. La mera existencia de enlaces en la página web que estamos leyendo hace que nuestro cerebro destine una parte de la memoria de trabajo a tomar decisiones de forma inconsciente, dificultando la lectura atenta y concentrada que requiere la comprensión lectora.

La buena noticia es que como ya he comentado, la neuroplasticidad hace que aquello que usamos moldee nuestro cerebro y sólo necesitamos un poco de hábito lector para mantener la concentración que requiere la comprensión. Por ello he hecho el propósito de irme a dormir con un libro en vez de con una pantalla. Ya empiezo a notar los resultados.

Laura S.