En Terapia infanto - juvenil

Madres, padres y maestros intentan diariamente transmitir sus conocimientos a niños y adolescentes. Cuando no se trata de conocimientos pasivos, sino de incorporar activamente un hábito, a menudo no es tan fácil. Para adquirir un hábito o aprender a hacer una tarea, ya sea prepararse el desayuno, la mochila o escribir una redacción, los niños necesitan una guía para saber qué es lo que tienen que hacer y cómo tienen que hacerlo.

Tanto si hablamos de niños con necesidades educativas especiales (dislexia, autismo, déficit de atención, etc.), como si hablamos de niños sin dificultades o, incluso, de adultos, el uso de las autoinstrucciones puede significar una mejora en el día a día en cuanto a la adquisición de hábitos, la efectividad de estos, y la realización de tareas. Si lo pensamos, muchas de las actividades que hacemos intuitivamente en nuestro día a día han necesitado una enseñanza, como por ejemplo preparar la comida o escribir un correo electrónico.

 

Pero, ¿en qué consisten las autoinstrucciones?

Son una técnica de autoverbalizaciones internas o externas, orales o escritas, que adquieren la forma de lista de pasos y que permiten modificar o sustituir unas conductas por otras más adaptativas. Por ejemplo, un niño puede habituarse a levantar la mano antes de hablar, en lugar de contestar impulsivamente.

Las autoinstrucciones pueden emplearse tanto en casa como en el contexto escolar y, de hecho, en todos los ámbitos de la vida del niño, como por ejemplo en un entrenamiento deportivo o en una conversación entre amigos; y son especialmente útiles en niños y adolescentes con TDAH o con dificultades en el control de la impulsividad. El objetivo último es que las conductas deseadas acaben ocurriendo de forma natural y sin tener que pensarlas.

Un ejemplo de las autoinstrucciones para el control de la impulsividad que yo utilizo muy habitualmente en contexto escolar es la llamada “Técnica del Stop” o “Párate y piensa”, que consta de los siguientes pasos, claros y sencillos:

  1. Paro
  2. Leo todo el que me piden
  3. Marco lo que me piden
  4. Pienso qué y cómo lo tengo que hacer
  5. Hago
  6. Repaso y, si es necesario, corrijo
  7. Me felicito

Esta lista puede utilizarse en multitud de situaciones en el ámbito escolar (responder a un ejercicio de un examen, resolver un problema de matemáticas, escribir una redacción, etc.), y se puede revisar y adaptar a la tarea según sea más conveniente.

No querría acabar este post sin hacer la siguiente reflexión. Cuando se habla de la adquisición de hábitos en niños, a menudo escucho frases como “tendría que salir de él hacer X tarea”, “no es trabajo mío irle detrás para que cumpla con sus responsabilidades”, “su problema es que es vago”, etc. Lo que habría que transmitir a padres y docentes en estos casos es que es posible que el niño todavía no haya adquirido el hábito o que no sepa qué pasos se tienen que seguir. Podemos menguar este desconocimiento, incertidumbre o desbordamiento incorporando las autoinstrucciones.

“El cambio es siempre el resultado final de todo verdadero aprendizaje”. Leo Buscaglia.